Por Moisés Naím
¿Tendré trabajo? ¿Tendré atención médica si me enfermo? ¿Morirán mis parientes y amigos en Afganistán? El futuro de la presidencia de Barack Obama va a depender de las repuestas que los estadounidenses obtengan a estas tres preguntas. La economía, la reforma
La economía de los Estados Unidos se está recuperando antes de lo esperado pero no así el empleo. Los despidos siguen y conseguir trabajo no es fácil. Mientras tanto, los grandes bancos están ganando muchísimo dinero. Y sus ejecutivos siguen pagándose sueldos astronómicos que en épocas normales son ofensivos y que durante una crisis constituyen una agresiva provocación a una golpeada población cuyos impuestos fueron usados para rescatar a los bancos de estos aprendices de brujo. No hay evidencia de que el crack financiero haya extinguido la codicia, la arrogancia y la ignorancia en Wall Street. Pero sí la hay de que los estadounidenses están furiosos con Wall Street y que los políticos no pueden darse el lujo de ignorar este clamor popular. Obama y sus ministros han prometido ponerle límites a los excesos financieros y limitar las ganancias de los bancos y los sueldos de los banqueros. La opinión pública es escéptica y está a la espera de las medidas que tomará el Gobierno. Otra parte de la opinión pública -muy azuzada por la oposición- cree que al final todo llevará a un aumento
Reformar el sistema de salud de Estados Unidos en medio de una crisis económica es a la vez más fácil y más difícil. Es más difícil porque, obviamente, la crisis impone fuertes restricciones económicas. Pero también es más fácil porque la crisis estimula el apetito por los cambios, aun aquellos que no tienen nada que ver con esta crisis.
Bush usó los ataques
Y luego está Afganistán. El número de bajas aumenta y los talibanes resurgen. El general a cargo de la expedición fue despedido y su sucesor Stanley McChrystal quiere más tropas.
Además, una guerra que comenzó como una acción antiterrorista para quitarle a Al Qaeda sus refugios se ha transformado en una vasta operación de contrainsurgencia. Y la nueva doctrina de lucha contra la insurgencia dice que hoy es imposible ganar a menos que se le dé seguridad y trabajo a la población civil. En otras palabras: hay que construir el Estado afgano y propiciar el desarrollo económico y social. Todo esto en un país con un 70% de analfabetismo, cuya principal actividad económica es la exportación de narcóticos y cuya sociedad está fragmentada en mil pedazos.
Cuando Obama ganó las elecciones, hace menos de un año, nadie hubiese imaginado que en tan poco tiempo la economía iría tanto mejor y Afganistán tanto peor. Pero así es, y el remoto país asiático se ha convertido para este presidente en un reto más amenazante que Wall Street.
Moisés Naím es director de la revista de Foreign Policy. Se publicó este articulo en el diario español El País.
No comments:
Post a Comment